Sentir miedo es una reacción positiva ante la vida para la supervivencia. Si fuéramos impulsivos de tal manera que nada nos detuviera, nos expondríamos demasiado a una muerte segura.
Hay personas muy impulsivas que juegan a vencer ese miedo ante situaciones límites porque les gusta sentir esa subida de adrenalina al máximo mientras que otras, en cambio, se muestran más precavidas e inhibidas en determinadas circunstancias. Al fin y al cabo, es algo lógico ya que no todos reaccionamos de la misma forma y por eso nos complementamos.
Lo mismo ocurre entre los niños. Los miedos infantiles son muy distintos en unos niños y en otros. Unos son más impresionables y su reacción ante situaciones de temor es más exagerada, mientras que otros son más propensos a desarrollar temores.
Sin embargo, los miedos que comparten todos los niños es la ansiedad o la angustia que les produce el abandono de sus seres queridos, la pérdida o la desaparición de alguno de ellos. Esto es algo que experimentan todos, aunque en algunos esté más acusada que en otros.
Partiendo de aquí, hoy vamos a tratar de explicar en pocas palabras de dónde procede ese miedo que les aprisiona y cómo funciona.
Miedos infantiles: el miedo común al abandono.
Hacia, aproximadamente, el sexto mes de vida, los niños comienzan un largo proceso llamado de “individuación-separación” en el que empiezan a darse cuenta de que existen como seres separados de los demás, que tienen una vida propia.
Este proceso dura hasta los 3 años, más o menos, que es cuando el niño adquiere una identidad, aunque no será hasta los 5 o 6 años de vida cuando el niño comience a experimentar ese miedo a sentirse abandonado o a que le dejen de querer.
Además, hacia los 6 años, el niño también se empieza a preocupar por la muerte, la destrucción, la desaparición o el alejamiento de sus seres queridos.
A partir de los 7 años, cuando su mundo interior se estabiliza al haber resuelto sus sentimientos ambivalentes, consigue un sosiego y un equilibrio emocional y entra en una etapa llamada de “latencia” hasta que llega a la adolescencia y vuelve a convulsionar su mundo emocional.
¿Cómo deben actuar los padres ante los miedos infantiles?
Los padres deben proporcionarle un medio afectivo y contenedor, con unos límites firmes e impuestos con afecto, para que vaya encontrando por sí mismo el camino de su independencia.
Los padres son el referente y los modelos para que vaya manejando la angustia que permanece, en mayor o menor grado, en los primeros 6 años de vida. Son quienes deben darle seguridad y afecto, pero es él el que, con sus propios recursos, tendrá que ir superando sus angustias y miedos infantiles.
¿Qué ocurre en la escuela?
Nosotras mejor que nadie hemos comprobado cómo los niños lloran cuando acuden por primera vez a las escuelas infantiles en Majadahonda: lloran ante la separación de sus padres, pensando que los abandonan para siempre.
Cuando se dan cuenta que esto no ocurre porque siempre vuelven a por ellos, se acostumbran y entablan una relación afectiva con sus educadoras y con ese entorno que hace que se tranquilicen y puedan disfrutar de lo que la escuela le ofrece.
Hacia los 2 años surge el pensamiento simbólico, es decir, la capacidad de representar mentalmente la realidad. Aquí surgen los miedos y los temores en su imaginación, pues no hay una clara diferenciación de lo que es realidad y lo que es fantasía. Lo que sueña o piensa es tan real como los juguetes de su habitación y es cuando suelen aparecer los terrores nocturnos y las pesadillas.
Además, en estas edades, su pensamiento es omnipotente, es decir, piensa que con solo pensar las situaciones, estas ocurren. Él imagina que puede hacer daño real cuando le invaden sentimientos destructivos hacia alguien que le haya puesto un límite y siente temor de haber hecho daño a un ser querido.
También su pensamiento es egocéntrico es decir, todo gira a su alrededor y todo lo que le rodea está pendiente de sus actos y pensamientos y, por tanto, todos y todo le pueden hacer daño cuando descubren sus impulsos negativos.
¿Qué dispara sus miedos infantiles?
Cuando en su vida cercana acontece una situación de pérdida, como puede ser la muerte de un ser querido, el divorcio de sus padres, el alejamiento de su entorno familiar por cambio de domicilio… le confirman sus miedos y puede ocasionarle una ansiedad traumática difícil de superar en un tiempo.
En estos casos, los padres tienen que ayudar al niño a superar estos miedos infantiles, no tanto con razonamientos, que mucha veces no entienden, sino con su comportamiento, su presencia, para que él sienta que están disponibles para darle las respuestas que él necesita tantas veces como sea necesario. Nunca debemos reírnos de sus miedos aunque sean incomprensibles para nosotros, pues para el niño tienen una justificación que hay que respetar.
Nunca le podemos ridiculizar o comparar con otros niños pues cada niño es único y diferente y si le ridiculizamos, lo único que conseguimos es bajarle la autoestima por creerse “un cobarde”.
Los miedos de los padres son, en muchas ocasiones, proyectados a sus hijos y se dan casos de familias donde van heredando esos miedos de padres a hijos. Miedos a las alturas, a los sitios cerrados, a los aviones, al agua, a los precipicios…no debemos inculcarlos aunque nosotros los tengamos.
El temor de los padres ante situaciones de peligro, ya sean reales o imaginarias, frenan en el niño sus ansias de exploración y sus ganas de conseguir retos a nivel motórico. Siempre tienen miedo de que le pase algo e impiden que el niño adquiera seguridad en sus posibilidades; lo único que consiguen es un niño precavido y temeroso ante cualquier situación. La sobreprotección lejos de ayudarles, les frena la motivación y el crecimiento personal.
A los niños temerosos o precavidos hay que infundirles confianza y seguridad en sus posibilidades, pero nunca ponerles en una situación límite que se sientan imposibilitados para afrontarla y conseguir la reacción contraria.
Cuando los miedos son desproporcionados o desadaptados, es decir, alteran el estilo de vida cotidiana del niño o que repercuten en su desarrollo personal, en el rendimiento escolar o en las relaciones sociales, entonces se denominan fobias y deben ser atendidas por un especialista para poder superarlas.
Crecer es difícil y tienen que aprender a vivir con sus sentimientos y dificultades y donde los padres deben ser un soporte seguro en el que poder apoyarse.
Artículo redactado por Pelancha Gómez, directora de Escuela Jauja.
