¿Por qué los niños son tan impacientes?

La impaciencia es algo innato y  el arte de la paciencia se tiene que aprender como el resto de los valores que queremos inculcar a nuestros hijos.

Los niños  viven el presente, apenas se acuerdan del pasado y no pueden entender el futuro. El concepto temporal es muy abstracto para ellos y muy difícil de interiorizar. En las edades de 0 a 3 años la noción temporal es muy rudimentaria  y esto dificulta mucho adquirir  la paciencia, por ello se debe trabajar  hasta  conseguirlo.

Los niños son impulsivos por naturaleza y  tienden a descontrolarse con facilidad. El  saber canalizar los impulsos es una labor lenta y dolorosa que requiere esfuerzo tanto de ellos como de los adultos con los que convive.

¿Cómo trabajar la paciencia en los niños?

En nuestra escuela infantil en Villanueva del Pardillo se aborda esta cuestión con unas rutinas a lo largo de  día que les ayuden a situarse en el tiempo o utilizando un calendario muy básico de la semana que les ayude a interiorizar este concepto.

También recordamos las actividades realizadas durante la mañana o tarde o las que hicimos el día anterior, para que aprendan a ubicarse temporalmente.

Otra actividad para trabajar el orden del tiempo, y con ello la paciencia, es la secuenciación de una historia o cuento con viñetas grandes para que vayan teniendo conciencia que unas escenas preceden a otras y que el cuento tiene un comienzo, una trama y un desenlace.

La asamblea es otro buen momento para cultivar la paciencia. Los niños tienen que aprender a respetar la intervención de sus compañeros, escuchando  y participando cuando sea su turno. Con los niños que ya han adquirido el lenguaje es muy difícil de controlar ya que todos hablan al mismo tiempo y no les interesa la comunicación de los demás pues su pensamiento es egocéntrico y el mundo gira a su alrededor.

Otra manera de trabajar la paciencia en los niños es que tengan que respetar un turno para ser el ayudante de la clase, para participar individualmente en una actividad que lo requiera, para recibir el material que vamos a utilizar y que tendrán que esperar su turno que igual que ocurre para poseer un juguete que tiene su compañero.

Por lo tanto, la mejor manera para trabajar la paciencia de los niños es pasando tiempo con compañeros en su escuela infantil ya que aprenderá a compartir el espacio, materiales y afecto de las educadoras, es decir a socializarse y este aprendizaje requiere tiempo, amor y respeto de su propio ritmo.

Motivarle para que sea perseverante y constante en el juego o actividad que haya iniciado, que resuelva las dificultades que se le presentan, que se esfuerce en hallar soluciones y a disfrutar del  gozo que supone la gratificación, al ver el trabajo y las soluciones finalizadas con éxito.

La paciencia es un gran valor en los niños.

La paciencia es un valor que se consigue muy a largo plazo y hay que trabajarla sin agotar al niño. Cuando este demanda nuestra atención y no podemos atenderle, hay que decirle “ahora no puedo, luego sí” para que no se sienta desatendido pero sepa que tiene que aprender a esperar.

Cuando estamos ocupados, hay que demorar un poco la atención que nos  reclama para favorecer el aprendizaje de la paciencia y que se dé cuenta que no  es el centro del mundo, que vaya adquiriendo la empatía necesaria para contar con los demás,  respetando y compartiendo con sus compañeros y adultos.

Como siempre que hablamos de educación, la manera de enseñar unos valores es con nuestro ejemplo. Nosotros somos el referente al que imitan nuestros hijos y somos consientes de que es muy difícil mantener la paciencia durante todo el día por la vida acelerada que llevamos, pero hay que saber mantener el equilibrio emocional para controlarse y que los niños aprendan a hacerlo también.

Cuando un niño no trabaja la paciencia y no se le concede un deseo, surge la rabieta. Es algo evolutivo y hay que contar con ello, pero debemos gestionarla con serenidad, templanza y firmeza y nunca ceder. La mejor forma de ayudarle es mostrando una actitud de espera hasta que se le pase y que, poco a poco, vaya recobrando la tranquilidad. Es absurdo tratar de establecer una conversación con él porque no va a escuchar. Su descontrol motriz le impide razonar. Una vez pasada, sí se puede hablar con él de la situación embarazosa que han vivido los dos.

Debemos mostrar firmeza y que nuestra actitud no cambie aunque su demanda sea insistente.  Un “no” es un “no”, se ponga como se ponga. Si obtiene lo que desea  y cedes, estás reforzando  que molestar e insistir  es una manera de obtener lo que se quiere y, si le concedes lo que desea para evitar la rabieta, estás fomentando la impaciencia y la exigencia.

Trabajar la paciencia en la era de la inmediatez

En la sociedad en la que estamos inmersos, es muy difícil fomentar la paciencia, el esfuerzo y el trabajo ya que vivimos en un mundo acelerado en el que el tiempo de espera para conseguir lo que se desea es cada vez más corto  y los mensajes recibidos por todos los medios es la rapidez e inmediatez para todo.

“Lo quieres, cómpralo”:  cualquier artículo deseado lo tienes en tu casa en cuanto lo pides, la película recién estrenada la puedes ver en el móvil, “aprende inglés en diez días”…etc. Hay una clara disminución de la tolerancia a la frustración y un medio hedonista donde se adquiere todo lo que se desea.

También influye muy negativamente el criterio educativo tan en boga en este momento como es “la educación a demanda”. El niño es el rey y él decide cuándo, cómo y con quién organizar su vida. Muchas madres y padres extienden esta forma de educar más allá de los primeros meses de vida del niño y se convierten en esclavos de sus hijos.

Desde pequeño hay que enseñarle a esperar para que vaya adquiriendo una cierta tolerancia a la frustración que le ayudará, posteriormente, a encajar las dificultades que se le presenten en su vida futura.

Una manera de fomentar la paciencia es proponerles juegos y actividades  que requieran esfuerzo en su terminación como  pueden ser los puzles, construcciones, creaciones artísticas, plastilina, un plato de cocina y en general trabajos manuales en los que hay que esperar para verlos finalizados. Cuando los acabe, valorar mucho su esfuerzo, su paciencia para llegar a su consecución y manifestar la satisfacción que se obtiene en ello. Que se sienta orgulloso por el logro y animarle para que prosiga en este tipo de actividades.

 

 Artículo escrito por Pelancha Gómez, directora de Escuela Infantil Jauja.